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Una idea, un destino

A menudo las ideas surgen en nuestra vida de una forma caprichosa y espontánea, y casi siempre propiciadas por una situación que crea en nuestra mente la ilusión de lo que posteriormente se convierte en esa ficción. Yo pienso que las ideas con su imprevisible devenir marcan los caminos del destino. Todos nacemos condicionados por multitud de factores de todo tipo, y parece que eso determina nuestro futuro; pero además de esa realidad, existe otra, nuestra realidad, la que generamos nosotros con nuestro ingenio, la que da espiritualidad al pensamiento, la que convierte en creativo nuestro ser.

Cuando me surgió la idea de viajar a Alaska, aquel inmenso territorio era algo desconocido e inexplorado para los españoles, al menos hasta donde alcanzaba mi conocimiento; un espacio blanco y helado, allá en los confines del continente americano, un lugar al que nadie iba y del que nadie venía.

La mañana del 14 de marzo de 1980, todos amanecimos con la peor de las noticias: Félix Rodríguez de la Fuente y parte de su equipo fallecieron en el acto cuando su avioneta se estrelló en Alaska. El desafortunado y trágico accidente que terminó con la vida de aquellos aventureros que viajaron a las tierras del Norte para retratar su belleza y traernos su aventura a través de aquella fabulosa narración documental que era “El hombre y la tierra”, dirigida por el gran divulgador que era Félix Rodríguez de la Fuente.

Precisamente el referente que supuso su extenso y excelente trabajo de divulgación, fue lo que me llevó a imaginar aquel viaje imposible que me cambiaría la vida; y si ellos fueron los que iban siguiendo aquellos audaces e intrépidos musher que desafiando la naturaleza más salvaje se cruzaban Alaska yo quería ser el primer español en cruzarla. En parte por conocer la última frontera, y en gran parte por conocerme a mí mismo, lo que para ellos fue una tierra hostil que les mató, para mí terminaría siendo el lugar que me ayudo a encontrar mi destino.
No podría empezar a hablar del proceso de construcción del barco sin antes hablar del proceso de construcción de la idea, y aquí es donde digo que si no hubiese viajado a Alaska, probablemente no habría conocido la historia acontecida dos siglos antes, y aquí es donde también digo que las ideas crean destinos.

Exploradores y navegantes, científicos y soldados, marineros y oficiales; todos daba igual su clase o condición, habitando ese trozo de patria que era su barco con rumbo al Norte.

Lo que para ellos fue una tierra hostil que les mató, para mí terminaría siendo el lugar que me ayudo a encontrar mi destino.

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